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"LA VERDAD OS HARÁ LIBRES" por José Emilio Jozami

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

La verdad sigue siendo una necesidad urgente en el deporte. Hoy más que nunca hace falta liberarlo de ataduras, incongruencias y zonas grises que, si no se aclaran, terminan volviéndose oscuras y turbias. El deporte necesita definiciones, reglas claras y realidades concretas para poder sostenerse sobre mentes sanas y cuerpos sanos.


Esa necesidad empieza desde la niñez. Muchos chicos y chicas son empujados demasiado pronto por entrenadores, agentes, dirigentes e incluso por sus propias familias, que llegan a ver en ellos una posible salvación económica. Pero el deporte infantil no debe nacer desde esa presión. Los niños deben recrearse, divertirse y crecer en una competencia que tenga como base la lealtad y la verdad. Resulta despreciable que todavía existan falsos entrenadores o profesores capaces de adulterar documentos de menores para sacar ventajas en competiciones amateurs, porque ahí ya no solo se rompe una regla: se hiere la inocencia misma de la niñez.



La competencia es esencial en el deporte, pero necesita reglamentación, límites y condiciones claras. Por eso existen categorías por edad, sexo o peso, según la disciplina. Son divisiones necesarias para proteger la buena práctica deportiva y preservar la equidad. En esa misma línea, el deporte actual también afronta debates complejos que exigen definiciones serias y valientes, porque no se puede seguir avanzando entre ambigüedades permanentes cuando están en juego la integridad física, la justicia competitiva y el equilibrio de la competición.


También debemos defender un principio básico: los partidos deben ganarse en el campo de juego. No en despachos, no en oficinas, no entre expedientes y resoluciones que vacían de sentido la esencia deportiva.

Cuando un encuentro se decide por sentencias en lugar de resolverse en el terreno natural de la competencia, el deporte empieza a deformarse. Si un partido debe completarse, repetirse o reanudarse, que se haga sin perder de vista su espíritu. Porque, si no, llegará el día en que los clubes ya no buscarán figuras deportivas, sino especialistas jurídicos para ganar fuera de la cancha lo que no pudieron ganar dentro de ella.



A esa degradación se suman otros males que también dañan profundamente al deporte: amenazas a jugadores, apuestas clandestinas, amaños, resultados previsibles, “tanking”, dopaje, dopaje mecánico y estructuras de multipropiedad que despiertan sospechas y alimentan la desconfianza. Todo eso convierte la competencia en una trampa y al espectador en víctima de un engaño. Cuando la victoria se busca desde una lógica maquiavélica y no desde el esfuerzo honesto, el deporte deja de ser ejemplo y empieza a corromperse.


Aún peor es cuando el deportista pierde el rumbo humano. El odio al rival, la discriminación por raza, nacionalidad o religión, la falta de respeto al compañero, al árbitro o al público son señales de una degradación profunda.

Muchos conocieron de niños los valores del deporte, pero los olvidaron de adultos, cegados por la fama, el dinero o la soberbia. Y eso también destruye. Porque un deportista profesional no solo compite: también se convierte en referencia para quienes vienen detrás.



Por eso debemos luchar por un deporte libre de malas intenciones, de corrupción, de negligencias y de conductas que debiliten su fortaleza moral. La ética y la integridad no son adornos: son pilares. Si consideramos al deporte un verdadero derecho humano, entonces debemos protegerlo con responsabilidad, verdad y sentido de justicia. También hace falta promover soluciones pacíficas, mediación preventiva e instituciones capaces de acercar a las partes antes de que los conflictos escalen y deterioren algo tan sano y tan valioso.


Busquemos, en definitiva, una verdad consciente y real que mejore cada disciplina deportiva y dignifique a atletas, dirigentes, árbitros, auxiliares, patrocinadores y seguidores. Solo así el deporte podrá caminar lejos de las ruinas que lo dañan y más cerca de lo que debería representar siempre: verdad, justicia y paz.


*Abogado y Periodista. Diplomado en Der. Deportivo por Universidad Austral en Argentina. Master en D. Deportivo por ISDE Madrid. Curso Mediación en Escuela Argentina de Negocios. Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Escuela de Derecho de la Universidad de Yale ( EEUU). Mediador deportivo Internacional por IEMEDEP Madrid. Ex juez Civil y Mercantil y ex Miembro del Tribunal de Disciplina de AFA. Profesor Universitario. Miembro de la Red Latam de DDHH. Mediador FIFA.


José Emilio Jozami Delibasich

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