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El fútbol infantil: ¿Santuario de sueños o mercado de "locos bajitos"?

  • hace 8 horas
  • 4 Min. de lectura

“…Niño deja ya de joder con la pelota…”, rezaba la mítica canción de Joan Manuel Serrat. Sin embargo, en el ecosistema del fútbol actual, parece que nadie quiere que el niño suelte el balón. Al contrario, la sociedad se empeña en profesionalizar la infancia, olvidando que esos pequeños nacen hoy con una impronta de libertad que a menudo choca con las normas dictadas por una sociedad que busca "domesticarlos por su propio bien".



Observamos hoy a niños que, antes de entender la aritmética básica, ya proyectan una autoridad impropia de su edad: ordenan y mandan cuan jefes de casas o CEOs de empresas. Son esos mismos pequeños que juegan en el patio de su casa, en el barrio o en la escuela, imaginando el rugido de un estadio lleno de público a quien dedican su victoria. Ellos habitan un mundo donde todavía no se conoce la derrota, solo el lenguaje de los sueños y las quimeras.


El mercado de los porvenires triturados


Lamentablemente, esa inocencia suele toparse con la realidad de feroces y perversos mercaderes que ven en el talento infantil una moneda de cambio. Se busca el alto rendimiento a edades cada vez más tempranas bajo la premisa de "cuidarlos" para el futuro, para que cuando sean ídolos no sufran las secuelas de la mala alimentación que recibieron en sus hogares humildes. Es una protección con intereses de retorno financiero.


Lo más doloroso es que, en este proceso, los propios padres se convierten a menudo en los cómplices más cercanos de estos cazadores de talentos de cuna.

“Niño que eso no se dice, que eso no se hace, que eso que eso no se toca…”. En ese afán de dirigir vidas sin conocer el oficio ni la vocación real del hijo, los adultos terminan transmitiendo sus propias frustraciones. Cuántos padres que fracasaron en su intento de ser futbolistas de élite quieren ver hoy en sus hijos a los Messi, Maradona o, en otros tiempos, a los Pelé o Di Stéfano, depositando en hombros infantiles la responsabilidad de la salvación económica familiar.


“Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen que crezcan y que un día nos digan Adiós.”

El laberinto legal: Entre la Convención y el Reglamento


Desde una perspectiva jurídica, la Convención del Niño, Niña y Adolescente ha establecido claramente que el interés supremo de los menores es de carácter constitucional. Es una norma internacional que dicta que el niño debe divertirse, no trabajar, y mucho menos ser objeto de mercancía o negocio. Su voluntad debe ser respetada y amparada por los Estados.


Sin embargo, la arquitectura legal del fútbol camina por una línea delgada:


  • Reglamento de FIFA (Art. 19): Dedica un espacio crucial a la protección de menores en transferencias internacionales.

  • Derechos de Formación y Solidaridad (Art. 20 al 22): Establece indemnizaciones para los clubes que formaron al jugador desde una edad determinada hasta que alcanza el profesionalismo.


Claro está que ese logro no es para todos. Para muchos que soñaron con el "oro y el moro", la realidad es la que retrata la película El Diamante Negro: menores abandonados en países lejanos, sufriendo el frío de la ausencia maternal y la herida profunda de un fracaso que nunca debieron cargar. FIFA ha intentado mitigar estos sufrimientos, pero aún falta mucho por legislar frente a las nuevas reformas de formación y solidaridad.


El "Colador" y la Ley 27.211 en Argentina

En los grandes clubes existe una etapa fatal denominada "el colador". Es ese momento donde adolescentes que han recorrido un camino de años de ilusiones reciben la noticia de su aplazo.

Bajo el subjetivismo de un entrenador, se decide quién sigue y quién debe volver a su casa con el pase en su poder, buscando nuevos rumbos pero dejando al club el "crédito abierto" para cobrar por sus años de formación apenas firme su primer contrato en otro lugar.


En Argentina, la Ley 27.211 de formación deportiva se encuentra hoy bajo la lupa de la CSJN por un planteo de inconstitucionalidad en el caso Domingo contra el Club River Plate. Se trata de una ley con bondades para los clubes formadores, pero que se aleja de la matriz original de FIFA, especialmente en el tema de la edad: parte desde los 9 años. Casi parece que el legislador busca en los jardines de infantes a los futuros talentos para monetizarlos.


“Dejad que los niños vengan a mi…”, dice la Biblia. Hoy, esa misma frase parece repetirse en los clubes de fútbol: cuanto más pequeño, mejor. Recientemente, el prestigioso colega Francisco Rubio analizaba el debut de Luca Romero con solo 15 años, señalando que se trata de trabajo infantil y, además, en horario nocturno.



Una reflexión final a 30 años de la norma


En el fútbol actual, parece que "todo pasa y todo vale". Arriesgamos a menores a vivencias de vestuario y roces físicos propios de adultos profesionales, saltándonos etapas vitales en nombre del éxito temprano. A tres décadas de la creación de las normas de protección, cabe preguntarse si tanto esfuerzo por cuidarlos ha servido de algo frente a la voracidad del sistema.


Al final del día, la industria intenta controlar el reloj, pero la vida tiene sus propias reglas.

Por Jose Emilio Jozami Delibasich

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